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Mostrando las entradas de agosto, 2026

«Lluvia de ciruelos en flor». Tian Yuan (China)

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  Pequeño pueblo   Hacia el sur, a lo largo de las memorias retenidas por una historia, en un pequeño pueblo costero el ladrido de un perro de otra época despierta la tristeza de un corazón que viaja una granja saqueada es restaurada con palabras en lo profundo de un estanque cristalino las estrellas de esa época todavía se reflejan en las escamas de los peces brillando bajo el agua A través del abismo de los años el río es un vendaje cansado envolviendo el pueblo herido y las colinas un muelle que ha sido testigo de ordalías ofrece una vista de reflejos ondulantes como si esperase a un barquero demacrado que regresará a contracorriente remando una barca con dosel de ratán. Arriba, en un erguido árbol viejo algunos gorriones cantan contando las pisadas en las losas dentro de un templo en ruinas un monje que alcanzó la quietud perfecta entra al cielo en un sueño. El canto de un barquero se escucha débilmente resonando río abajo pero el agua que lleva una barca no puede suprimir...

«Cuando escribo juego conmigo mismo cara o cruz». Dimitris P. Kraniotis (Grecia)

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  Cara o cruz   Cuando escribo juego conmigo mismo cara o cruz. Me desangro al correr con mi mente, tropiezo en mi corazón. Robo emociones bailo lamentos. Cuando me castigan con la poesía me repongo con palabras.   Repetición   En medio del camino me encontré con un viejo error mío y pasé de largo me apresuré para repetirlo.   Rastros de besos   Hasta el supuesto final de amores incumplidos y de innumerables penurias. A las tantas coartadas en las mentiras de los adultos y pasiones artificiales. De repente apareces tú en medio del ritmo de los transeúntes y tropiezo contigo. Para dejar tras de ti rastros de besos.     Traducción al español por Mariela Cordero La traducción de estos poemas fue publicada en la Revista Abierta de Poesía Poémame (España) el 27/01/2022   Dimitris P. Kraniotis  nació en 1966 en Stomio de Lárisa en Grecia central en do...

«Instante de realidad cuántica que habito». Fahredin Shehu (Kosovo)

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  Un sabor cuántico   Ella se subió el vestido su pie rozó la membrana del agua, las corrientes de emoción fluyeron desde el pie                                        a la cabeza escalofríos en todo el cuerpo, una uva en la boca espumante, gotas bermellón-                  deslizándose por su mandíbula. Exquisito, el vino se convirtió en sabor, como si todos los otros sabores desaparecieran sólo por este instante de realidad cuántica que habito y el Tiempo perdió su significado.   ¿Quedarse o…?   Céfiro, petróleo perfumado el Sol se esconde tras la cima de la montaña es como la muerte ata sus piernas las gotas de sangre del símbolo de Libra en mi túnica blan...